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11 de marzo de 2014

Después de Sochi y esperando Brasil 2014

Unión e identidad. Esfuerzo y colaboración. El deporte provee fuerza, pero sobre todo disciplina, y la enseñanza de trabajo en equipo. ¿Y qué tienen en común el deporte y la indumentaria? Simple, la historia de la humanidad.
En nuestra actualidad que demanda cada vez más comodidad y eficiencia, grandes marcas que clásicamente hacían ropa para deporte, ahora han ampliado su rango a prendas que se pueden usar para ir a trabajar o en ambientes urbanos, y no sólo en gimnasios. Allá por los años ’80 nadie se hubiera imaginado que Nike haría carteras de cuero, o que casas de Alta Costura como Chanel inspiraría alguna colección en los trajes de neoprene de los surfistas. O que Adidas tendría una línea especialmente creada por diseñadores de la talla de Stella McCartney.

La actividad física ayuda al cuerpo y a la mente. Distrae, oxigena, y proporciona bienestar. Y esto se supo desde el comienzo.
Cada cuatro años tenemos la suerte de poder disfrutar de la mayor y mejor mayor competencia interdisciplinaria internacional, creada por la humanidad: Los Juegos Olímpicos. Los griegos ya sabían la importancia del deporte en la vida cotidiana, y pusieron esa importancia a favor de dirimir las disputas mediante las aptitudes atléticas. Los primeros juegos se disputaron cerca del 776 a.C en la ciudad de Olimpia. Tenían un carácter secular y dirigido a mostrar las cualidades y la evolución de las actuaciones realizadas por los jóvenes, así como fomentar las buenas relaciones entre las ciudades de Grecia. La primera edición de los llamados Juegos Olímpicos de la Era Moderna se llevó a cabo en Atenas, a partir del 6 de abril de 1896. Cobrando en cada oportunidad mayor importancia y popularidad, en las ceremonias inaugurales, hemos visto despliegues asombrosos de lo mejor que cada lugar tiene para ofrecer desde su cultura y su identidad, su arte y claro está sus trajes típicos, o vestuarios especialmente creados para la ocasión.
Cada cuatro años también muchos deportes tienen su propio mundial. Seguramente el más conocido sea la Copa del mundo de fútbol, esa pasión de multitudes, que mueve amores, odios y una gran industria que involucra a diseñadores de indumentaria, marcas, moda y deportistas por igual. Pero también el rugby, el basketball, el hockey y otros deportes, tienen su competencia internacional para demostrar lo que se requiere para ser el mejor del mundo.

En un mundo que rebalsa de divisiones, el deporte logra como casi ninguna otra cosa, unir a todos por igual. Por pasión, porque brinda un sentido de pertenencia y unidad. Porque todos necesitamos sentir que somos parte de algo. En 1995, Nelson Mandela, por entonces presidente de Sudáfrica, logró lo que se creía imposible. Encontró en el deporte, en el rugby más exactamente, la manera de unir a blancos y negros, y que todos sean simplemente sudafricanos. Contra todos los pronósticos, los Springbooks, como se conoce al equipo, ganaron el Mundial de Rugby.Y año tras año, cada temporada, podemos disfrutar de lo que se puede conseguir con entrenamiento, disciplina y la más pura y absoluta garra y pasión.

En el año 2007 el Museo Nacional de la Historia del Traje, presentó en su sala central, una exhibición dedicada a la historia del deporte y y su influencia en lo que actualmente conocemos en indumentaria como el Sportwear, particularmente en el caso de la vestimenta masculina.
Una mitad de la sala estaba dedicada al deporte concretamente y a su equipamiento e indumentaria. Allí estuvieron en exhibición un traje completo de esgrimista, uno de equitación y uno de aviador y piezas únicas como la camiseta del equipo Alumni, de 1910, uno de los primeros equipos argentinos de fútbol. Perteneciente al jugador Marcos Moore. Y el short de boxeo que usara el ganador de la medalla de oro en boxeo en 1936, Óscar Casanovas, en la categoría de peso pluma.
Mientras que en la otra mitad de la sala, con ambientación de sala de estar de los años '70, las camisas de golf, camisetas y las chombas (o polos) y los pantalones de jean o telas livianas, ponían de manifiesto como cada vez más la comodidad requerida para las disciplinas deportivas, era aprovechada por la ropa urbana para el desarrollo de las actividades cotidianas.







14 de febrero de 2014

Jóvenes de los 50s

Ciertos sectores sociales evolucionan a un ritmo muy rápido, mientras que otros se van quedando culturalmente atrás. Esto se halla relacionado con la ruptura entre las generaciones a lo que se suma la autoafirmación de la juventud, desde fines de los años 50, como la edad privilegiada, la mejor en todos los sentidos.
La rebeldía y la incomprensión no sólo fue patrimonio, en los años 50, de los jóvenes marginados o inadaptados, sino que embanderó a toda la juventud de la época, de clases medias y burguesas que, a causa de la crisis económica de la posguerra, tuvo acceso a sus primeros trabajos y a una relativa independencia.
Se encuentran por primera vez con dinero y con que no tienen nada propio: ni música, ni trajes, ni clubes, ni identidad. Tenían que compartir su mundo con el de los adultos. Pero los hombres de negocios advirtieron que los adolescentes se habían convertido en unidades comerciales independientes, con gustos y necesidades distintos y empezaron a ofrecerles cosas: jeans, motocicletas, remeras, bebidas, música….
El jean, en sus orígenes prenda utilitaria, pasó a ser un elemento contestatario, opuesto al stablishment. Tal es así, que a los jóvenes que lo adoptaron masivamente, se los conoció como la “generación jean”. El blue jean pasó a convertirse, a comienzos de la siguiente década, en el emblema de la contracultura. Por aquellos año, en nuestro país, la adopción de esta prenda por los jóvenes fue arrolladora, y se la llamó vaquero, lo que demuestra su asimilación con la cultura norteamericana. En el epicentro de esta nueva cultura estaba el rock and roll.

Sala 4 - Museo Nacional de la Historia del Traje

30 de enero de 2014

El veraneo de ayer



Para estos días de calor intenso en la ciudad, el Museo Nacional de la Historia del Traje te propone visitar su refrescante sala de Playa, dedicada al traje de baño de 1910 a 1940.
Esos inconfundibles trajes enteros con falda y pantaloncitos realizados en lanilla, que en la última etapa de la Belle Epoque eran obligación, ya que debía estar cubierto el cuerpo desde el cuello hasta debajo de las rodillas, especialmente para las mujeres.
Pasando a los trajes más cortos con short y faldita de la reconocida marca Jantzen de los años '20, hasta llegar al bikin o trajes de dos piezas que hiciera su aparición en la década de 1940.

Los invitamos a dar un paseo por la playa del recuerdo.

Chile 832. C.A.B.A
Horario: martes a domingos de 15 a 19hs

16 de diciembre de 2013

"Los 60s. Revolucionarios y creativos"

Es innegable que el mundo de las exhibiciones de indumentaria ha desplegado un halo de nostalgia del siglo XX muy marcado. Ya sea por el rock and roll de los años '50 o las atemporales creaciones de Chanel en la década del '20.

Pero probablemente sean los años '60 los que mayor emoción produzcan en las personas. Los que vivieron tan cambiante década, por el hecho de haber formado parte de la revolución que transformó para siempre la realidad de las sociedades. Y para aquellos que aparecimos en el mundo tiempo después, la romántica nostalgia de “lo que fue”.

Todos sabemos que los 60s quedarán por siempre grabados en la historia y en nuestras mentes a sangre y fuego, y, en parte, a fuerza de música inmejorable y modas imborrables como: aandalias y túnicas “muy hippies”, estampados perfectos para quienes gustan de las formas y colores extravagantes, puramente psicodélicos. La estructura de combinación infinita de lo geométrico y el futurismo. Cada estilo acompañado al son de los grandes de la música del rock y pop: The Beatles, The Rolling Stones, Bob Dylan, Janis Joplin, Santana, el Flaco Spinetta, con Almendra y Pescado Rabioso, Pappo, Sui Generis y tantos más, que llenaron y llenan nuestros oídos y almas con letras y sonidos únicos.


Y en sintonía con el mundo, aquí, en la ciudad de Buenos Aires, el único museo especializado en la historia de la indumentaria, el Museo Nacional de la Historia del Traje, el pasado 7 de noviembre, inauguró 1965 – 1975 Revolucionarios y Creativos .
Una exhibición que demuestra que también en Argentina, las influencias de las revoluciones sociales, artísticas y científicas, dejaron su huella en nuestro estilo de vestir.





11 de noviembre de 2013

Emilio Pucci

Aristócrata florentino, comenzó su carrera en la moda de forma inesperada en las laderas de Zermatt en 1947, cuando la foto de un traje de esquí revolucionario que había diseñado para una amiga encontró su camino a las páginas de la revista Harper's Barzaar
Sus prendas encarnaban el encanto del jet set que cautivó a un nuevo grupo de mujeres activas y modernas.
En 1950 abrió una boutique en Capri y la moda de Pucci comenzó a reflejar su identidad mediterránea, con toques de impresión y colores exuberantes. Sus formas con una clara conciencia del cuerpo femenino y de movimiento libre, se traducen perfectamente en vestidos de seda, jersey, ropa deportiva de estilo resort y vestidos de noche glamorosos.
Fue uno de los primeros diseñadores en extenderse más allá de los límites de la moda, prestando su talento creativo para una variedad de proyectos, entre los que se incluyen uniformes de azafatas con estilo futurista para
Braniff International ( en exhibición en sala 5 de este Museo), el logotipo de la misión espacial Apollo 15 , jarrones de porcelana de Rosenthal, el interior de la Ford Lincoln Continental Mark IV y muchos más. Es una tradición de diseño que continúa hasta nuestros días.

Sus prendas poseen una fuerte influencia psicodélica, con estampados de diseño ondulante símil alucinógeno, al igual que reinterpretaciones del estilo Art Nouveau, todo como un gran caleidoscopio de vívidos colores.


Uniforme de azafata. Braniff Líneas Aéreas. C. 1974 - 1976. Colección MNHT